viernes, 30 de julio de 2010

¿Y San Martín?
Me acuerdo cuando me casé, hace veinticinco años, todos felices y contentos fuimos al Registro Civil de San Martín, en la Pcia. de Buenos Aires. Esperamos más de una hora y media porque el atraso, debido a la cantidad de casamientos, era fenomenal.
Entramos a la sala, la jueza dijo unas palabras de rigor, sentada delante de un retrato del Gral. San Martín. Ni libreta nos dieron, porque no había en ese momento. Nunca más hubo. No tenemos.
Hoy, y para terminar el tema, vi el casamiento del hermano del actor Boy Olmi con su nuevo marido. Elegantes, los dos.
En el fondo del salón, de impermeable claro y enorme cuello de cinta roja, ese matrimonio que se casó en la Patagonia, cuando aquí todavía no se podía. Son igualitos, parecen las gemelas Cipolitakys. Y no los critico ni ofendo por ser gays, sino por la apología de la homosexualidad, que ejercen como un desafío.
La jueza se tomó como una hora para hablar y lucirse en cámara. Detrás, un cartelazo de la asociación de lesbianas, gays y demases…, con bandera incluída.
A San Martín no lo vi.
Esta apología oficial se condice con los programas oficiales y las películas del canal Encuentro. Todo armadito.
Ya no me ocuparé de este tema, mientras no vea amenazados, en el futuro, mi núcleo familiar y mi fe. Y no lo digo por los homosexuales.
Felicitaciones a los flamantes esposos, a todos, incluso al señor que se casó con un travesti teniendo hijos de un matrimonio anterior. Los felicito, sinceramente. La escalera sin descanso, sigue funcionando.