Que sea mentira
Releer es acaso la forma más placentera de abordar un libro, porque como dijo alguien, uno no le pone expectativa, sino que disfruta lo que ya le ha hecho bien alguna vez.
Tomé un libro pequeñito, de los que hay dos largos estantes llenos en mi biblioteca; se trataba del Cancionero de Enrique Santos Discépolo, editado en 1977.
Algunas páginas están marcadas con trozos de hojas de la libreta que utilizo para los apuntes, y hay una que está marcada, como especialmente, por una tira de una cuenta de supermercado, con fecha 15/01/02.
Algo pasaba en este país, o tal vez, mejor dicho, en Buenos Aires, que decidí destacar “Tormenta”, poema en que el autor habla con Dios, ante el avance de “los malos”; hoy convertidos en violadores, asesinos de ancianos, boqueteros, piqueteros que perjudican a jubilados y funcionarios que ofenden el cargo con que se los ha investido. En “Tormenta” Discépolo le dice a Dios, como reclamándole algo: “El seguirte es dar ventaja, y el amarte sucumbir al mal”.
Que no se haga cierto.